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El pasado mes de diciembre
una conocida dirigente de una sociedad civil defensora de los
votantes de California, Bev Harris, autora del libro "La caja
negra de votar", provocó un revuelo que aún no ha
cesado.
Especial Orlando Ochoa Terán
Fuente: http://www.eluniversal.com/
Publicado con permiso expreso del
autor
Con
pruebas documentales Harris demostró que una subsidiaria de la
mas grande fabricante de máquinas de votación "touch screen"
del mundo, Diebold Electoral Systems Inc., denominada Global
Election Systems, incluyó en su nómina gerencial a un
traficante de cocaína, a un hombre acusado de transacciones
fraudulentas en la bolsa de NY y a un programador que había
sido convicto por invasiones ilegítimas en softwares y
falsificación de registros en computadoras. Jeffrey Dean, el
último sujeto en cuestión, fue quien programó el código que
escrutó centenares de miles de votos que se sufragaron en
octubre en la ocasión del referendo revocatorio del gobernador
de California.
Una auditoría aleatoria posterior de las
máquinas de Diebold en 17 condados no registró un solo ejemplo
con sofware o código certificado por la Federal Election
Commision. 14.000 máquinas de votación fueron retiradas del
sistema de California.
Casos como este han proliferado provocando una
revisión de la limitada automatización emprendida en EE UU.
Sólo una quinta parte del sistema electoral de la potencia más
avanzada del mundo en tecnología está automatizada. Sobre el
devastador efecto que pudieran tener las máquinas de votación
el prestigioso economista Paul Krugman se hace la siguiente
reflexión: ¿Imagine esto: en noviembre, el candidato que está
rezagado en las encuestas reclama una clamorosa victoria, pero
en todos los centros de votación donde obtiene mejores
resultados que los esperados, los votos fueron sufragados en
máquinas ¿touch screen?. ¿Cuál sería el daño que esto
ocasionaría a esta nación? Desafortunadamente la historia es
completamente plausible?. La misma pregunta nos la podemos
hacer los venezolanos, con la diferencia que en EE UU es
posible contrastar el resultado de las máquinas de votación
con sistemas manuales o semimanuales que prevalecen en los 50
estados de la Unión. En Venezuela el 97% de los votos
serán registrados por máquinas, escrutados por máquinas,
computados por máquinas, totalizados por máquinas y
transmitidos a los técnicos del CNE por máquinas. Aún así se
niega la posibilidad de auditarlos. No existe país en la
Tierra que someta sus instituciones fundamentales a un sistema
tan vulnerable.
Antecedentes
No es fácil comprender la espesa madeja
política y de intereses crematísticos que se tejió alrededor
de Smartmatic, pues no existen referencias ni precedentes. Las
visibles fallas y las ostensibles debilidades que caracterizan
a esta pequeña firma fundada hace sólo cuatro años por
ingenieros recién graduados se acrecientan hasta el nivel del
espanto cuando se examina a la red de familias, patrocinadores
políticos y beneficiarios mercantiles, ¿todos conectados?,
como lo indica su eslogan. El alumbramiento de Smartmatic como
la unidad tecnológica que definirá el futuro del país sólo lo
explica el caos conflictivo en el cual nos encontramos. ¿Cómo
entender, por ejemplo, que entre la mayoría del CNE, integrado
por profesionales venezolanos cuyos antecedentes hacían
presumir cierto grado de sensibilidad social, se haya abierto
paso la idea de desechar un sistema adquirido hace sólo
cinco años con una inversión cercana a los $200 millones para
comenzar de nuevo desde cero con otro sistema que no ha sido
probado en ningún lugar del planeta? Por eso es
necesario recapitular sobre los orígenes de Smartmatic, así
como sobre los conflictos de intereses que surgen por todas
las costuras de este paquete tecnológico que pone en serias
dudas la transparencia del referendo revocatorio. Súbitamente,
una vez anunciados los reparos, la automatización es una
bandera del rector Jorge Rodríguez que precipitadamente
respaldan el mismo día el presidente Chávez y el
vicepresidente Rangel con un entusiasmo desbordante. En 1998
el mismo Rangel denunció en su columna ¿sobreprecios en las
máquinas de votación? y advirtió que ¿envolver en el
escándalo al máximo organismo electoral, a sabiendas de su
intrínseca debilidad, es preparar el terreno para cualquier
aventura?. Los temores son los mismos y las razones están
repotenciadas.
La lotería de
votación
A la complejidad de la
automatización y a los enormes riesgos que implica su debatido
uso en todas partes del mundo, Smartmatic responde con la
arquitectura de una pequeña máquina de lotería que fabrica
Tecnost Sistemi Olivetti en Europa y que ha vendido a Perú,
India y Túnez. No hay conjetura ni especulación. Las máquinas
por medio de las cuales los venezolanos vamos a decidir
nuestro destino el 15 de agosto son máquinas de lotería en
Perú, India y Túnez. En Túnez las adquirió Promosport en
sociedad con el Ministerio de Deportes de ese país y en India
las adquirieron dos compañías especializadas en juegos de
envite, azar y entretenimiento, una denominada Dhan Dhana Dhan
Infotainment y la otra Best & Co. Las aprensiones de
Smartmatic y el rector Jorge Rodríguez al ofrecer al elector
venezolano un terminal de lotería como medio de ejercer su
derecho a votar se demuestra al inventar un modelo diferente
al que reconoce la firma fabricante. Smartmatic ha informado a
los medios que Olivetti ya habría despachado 12.000 máquinas
de un modelo AES-300 que no existe en la línea de producción
de Tecnost Sistemi Olivetti, ni en ninguna parte del mundo.
Las ¿máquinas de votación? que Smartmatic adquirirá a Olivetti
corresponden al modelo MAEL 205 que la empresa admite haber
desarrollado hace un año y que en sus promociones ofrece como
de terminal para Loterías. No es conjetura ni especulación,
repetimos, es la misma empresa que lo afirma en una nota de
prensa que hizo circular en Europa el pasado 15 de abril. En
ella se ofrecen detalles del contrato con Smartmatic que
incluye estos ¿terminales de lotería¿. ¿MAEL 205? indica la
promoción de Olivetti: ¿es una familia de terminales
supercompactos y plenamente accesoriados (sic) concebidos para
la automatización de organizaciones de loterías y apuestas. El
espacio ocupado en el mostrador es poco más de 22 x 31
centímetros. Diseño innovador, facilidad de utilización juntos
(sic) hacen que este terminal sea apropiado para cualquier
punto de venta?. Estas máquinas de lotería las fabrica Tecnost
Sistemi Olivetti en Carsoli, a 70 Km. de L'Aquila, provincia
de Abruzzo, no en Roma como ha divulgado Smartmatic. En este
escenario bucólico de Italia se apuesta con el destino de este
país.
"Por un pelo"
Hay otras partes del contrato entre Tecnost
Sistemi Olivetti y Smartmatic que llaman la atención. ¿La
entrega? señala Olivetti: ¿se hará en el curso de este
verano?. ¿Este verano? termina oficialmente el 21 de
septiembre. ¿Bajo este contrato todos los terminales (no
máquinas de votación) serán entregados en tres meses después
de la firma¿. No indica cuándo se firmó o cuándo se
entregarán. ¿Olivetti cumplirá este apretado plazo adaptando
el Modelo MAEL 205, desarrollado el pasado año...?(¡el pasado
año!). Reconocen como ¿apretado? el plazo concertado y si
quedara alguna duda del concepto experimental que proponen
para Venezuela, el comunicado de Olivetti lo explica con
elocuencia: ¿Con esta nueva aplicación (en Venezuela), unimos
ahora el voto electrónico al rango de especialidades apoyadas
por los terminales de Tecnost Olivetti?. El miércoles 18
de febrero pasado el periodista Eugenio Martínez, de El
Universal, ofreció la siguiente información: ¿El presidente de
la Junta Nacional Electoral (JNE), Jorge Rodríguez, explicó
que la adquisición de las unidades de votación producidas por
el consorcio SBC, costaría al Estado venezolano $57.968.040?.
Sin embargo, en la declaración oficial que Olivetti ofrece a
los medios en Europa y la cual es reproducida en su página web
en inglés y en italiano por Finanza On-Line, la empresa
asegura que el contrato por ¿los terminales de voto
electrónico? es de $24 millones (del valore di oltre 24
milioni di dollari, per la fornitura complessiva di 20.000
terminali di voto elettronico in Venezuela). La diferencia
entre una y otra declaración son cerca de $34 millones. Jorge
Rodríguez no dejó dudas sobre el objeto del contrato pues se
refirió a ¿unidades de votación?. No son las únicas
discrepancias entre lo que ha dicho el rector y lo que
sostiene Tecnost Olivetti en Europa. Los ejecutivos de
Olivetti deben aclarar por qué Venezuela es objeto de un
experimento azaroso con terminales de lotería.
Orlando Ochoa
Terán |