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“El sistema electoral aplicado en la consulta de
Venezuela fue un extraordinario avance en varios sentidos. Que el
votante tuviera que pasar por una máquina de reconocimiento de
huellas dactilares que vía satélite chequeaba la identidad y que no
hubiera doble voto constituye una forma de eliminar los padrones
inflados, gran parte del clientelismo, el documento mellizo y tantas
otras formas fraudulentas. No por el sistema sino por la
organización, el sistema tuvo inconvenientes que produjeron un
atraso en el tiempo de votación increíble. Pero, insisto, eso tuvo
que ver con la administración no con el sistema.” El diagnóstico
pertenece a Enrique Zuleta Puceiro, titular de la consultora
argentina Opinión Pública, Servicios y Mercados (OPSM), quien desde
Caracas analizó el sistema electoral –es uno de lo más conocidos
expertos del país– y reflexionó también sobre la encuesta de boca de
urna que realizó su empresa en la elección del domingo. Su
consultora participó de los últimos siete comicios efectuados en
Venezuela. –Sin duda, uno de los imprevistos más notorios fue la
cantidad de gente que fue a votar, sobre todo en los barrios más
pobres. Eso hizo que la organización funcionara mal. Por ejemplo, la
máquina israelí que identificaba las huellas digitales tardaba
aproximadamente un minuto y 15 segundos en hacer su labor. Si se
toma en cuenta que había mesas con un padrón de 800 votantes, el
cálculo es muy sencillo, más de diez horas. Eso llevó a que la gente
no pudiera votar y entonces se produjo la demora más grande de
América latina en los últimos veinte años. –Después de verificar
las huellas se votó. ¿Ese sistema funcionó bien? –Esto también
significó un gran avance. Era una especie de cajero automático, con
el sistema touch-screen (tocando la pantalla se preparaba el voto).
Se trataba de una elección muy sencilla, sólo estaban las opciones
por sí, no o no voto, de manera que no había mucho para elegir.
Después de tocar en la pantalla la opción deseada, la máquina emitía
un ticket que el mismo votante metía en una urna que estaba al lado.
Esto permite que, si hay una duda, se pueda comprobar el voto en
papel. –¿Cómo se complicaron las cosas? –Al haber lugares
donde se formaban enormes colas, se empezó a permitir a la gente
votar antes de hacer el chequeo con la huella digital. Eso agilizó
mucho las cosas y al votante se le puso una tinta en el meñique
mientras esperaba para verificar su huella digital. Hay que tener en
cuenta que, según nuestra encuesta de boca de urna, por la mañana
votaban 350.000 personas por hora y a la tarde, de golpe, apareció
el doble de gente: 700.000. Eso provocó un cuello de botella
infernal. –¿Hubo denuncias concretas contra el sistema? –La
oposición, en 10 millones de votos, presentó 50 denuncias a jefes de
mesa. Se trataba, por ejemplo, de que apretando el Sí en la
pantalla, igual salía No o viceversa. Fueron problemas muy, pero muy
menores. –Usted hizo una encuesta de boca de urna. ¿Por qué le
dio que Chávez ganó por el 6 por ciento cuando la diferencia fue
mucho más amplia? –Terminamos nuestra encuesta a las 20.30 y la
elección siguió siete horas más. En general los barrios que faltaban
votar eran los más pobres y, además, considero que el chavismo y la
oposición se volcaron muchísimo sobre las colas, con galletas,
helados, agua y toda una serie de cosas que virtualmente
desaparecieron del mercado. Pero allí, por tamaño del aparato, y
porque se trataba de sectores más pobres, se impuso el chavismo, y
eso es lo que explica el resultado más amplio. –La oposición
habla de fraude... –No, de ninguna manera hubo fraude. Chávez
ganó claramente. Nuestras encuestas de boca de urna y las encuestas
de los días previos indicaban que Chávez tenía ventaja. Después se
produjo este hecho inédito de que se votara hasta el día
siguiente. –Lo dice con aire crítico. –Es verdad, soy crítico
de que la elección se haya extendido tanto. Tiene que ver con una
postura que vengo sosteniendo en la Argentina desde hace años: las
elecciones no pueden ser manejadas por el Gobierno. No puede ser que
un ministro o un presidente decidan que se vota diez horas más. Por
ello yo sostengo que el órgano de manejo de una elección debería ser
exclusivamente judicial o un comité de notables independientes. Si
la elección está programada para concluir a las 18, es un criterio
de igualdad que concluya a las 18. –Pero eso significaba dejar
afuera a millones de personas que estaban haciendo cola. Es
antidemocrático. –Yo mantengo mi criterio. Las reglas del juego
deben mantenerse. Aun así, creo que lo que ocurrió en Venezuela
expresó lo que he visto en este país en todas las últimas veces que
vine: avances asombrosos en educación de la gente más humilde, en
salud, pero todo con grandes fallas administrativas, producto de esa
especie de caos que se produce cuando hay avances de ese tipo. Hay
mucho espontaneísmo, creatividad y al mismo tiempo resistencia de
otros sectores, obstáculos, guerra al oficialismo, violencia. No nos
olvidemos de que, más allá de todo, hay situaciones de mucho empate
en casi todo el país. –¿Cree que el sistema electoral salió
victorioso o sufrió una derrota? –Creó que salió victorioso, pero
hay que mejorar las instituciones de control, que sean
independientes y los aparatos no dejan de tener un papel como lo
tuvieron en las colas. Ahora bien, debo decir que la oposición
venezolana no presentó un documento serio, una objeción
fundamentada, una prueba. Se limitó a decir que había fraude y a
insultar.
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